13 de mayo de 2015

Plancha solo lo justo y necesario

¿como se plancha?

¿Recordáis el post en que vosotros y yo nos conocimos? En ese post os confesé que yo de pequeña era una niña buena -pero una niña buena de verdad- o, al menos, eso decían de mí quienes me conocían. También afirmaban que era una niña lista (lista de las de: ¡Pero qué inteligente nos ha salido la niña! ¡Ay, lo que vale!). Sin embargo, sospecho que todas las esperanzas que mi familia había puesto en mí y en mi inteligencia se desmoronaron el día en que decidí planchar un bañador.

Lo cierto es que las labores domésticas no me agradaban especialmente. En mi época lo normal era o ser de las “listas” o de las “apañadas”; supongo que me pasé de lista por querer ser apañada. La cosa es que el bañador, que no tenía culpa alguna de mis alardes adolescentes de ama de casa, dejó de ser bañador para pasar a ser “una cosa de lycra con un pedazo agujero”... ¡y adiós a mi modelito piscinero preferido! ¡así, en un golpe de plancha!

A estas alturas opino que si uno no se carga una prenda planchando, es que no ha vivido la experiencia al completo. Eso sí, ¡ojalá vuestra víctima sea del mercadillo!; por mucha experiencia que debamos completar, chamuscar ropa cara es demasiada adrenalina para el cuerpo.

Puestos a confesar, os admitiré que yo también odio ir de compras en Rebajas. Los montones de ropa desordenada me dan pereza… y cuanto más voluminoso sea el montón, mayor pereza (pronunciado muy contundentemente) me genera. Pereza… ¡y miedo! ¡He visto en alguna tienda en Rebajas, montones de ropa que se tragan a la gente mientras rebusca en ellos!!! ¿Qué por qué os cuento esto? Pues porque los montones de ropa de plancha me recuerdan mucho a las Rebajas (solo que la ropa huele mejor). EL MONTÓN DE LA ROPA DE PLANCHA, ¡eso sí que es terrorífico y no la plancha en sí!

¿Y tú lo de la plancha, cómo lo llevas?

¿Eres de l@s que plancha, o de l@s que amplía el dicho de “la arruga es bella” a todos los aspectos de su vida? Lo advertíamos al hablar de la lavadora: ésta, junto con la plancha, es una de las peores amigas del emancipado. Pues bien, ¿por qué no pasamos de amistades y nos relacionamos con ella lo justo y necesario?

La HISTORIA DE LA ROPA QUE SE PLANCHA ha ido evolucionando casi tanto como el Universo ;-) Antaño, las abuelas y las madres lo planchaban prácticamente todo y, casualmente, esta práctica de práctico tenía poco. Es cierto que casi todo es planchable de una u otra forma; otra cosa es que vayamos a plancharlo. Bragas, calzoncillos, calcetines, trapos de cocina… ¿¡Nos hemos vuelto locos o qué!? ¡Que no nos da la vida! Los que me conozcan y me lean “decir” esto pensarán: Amiga, tú solita te has bajado del burro (o de la tabla de planchar). Y es que nunca he llegado al punto de planchar la ropa interior pero hasta hace bien poco yo era una de esas mujeres de antaño que lo planchaban casi todo. El motivo de mi actual boicot a la plancha (un boicot más hippie que heavy metal pero al fin y al cabo es mi boicot, ¡y lo llevo como quiero o como puedo! jajaja): la vida precisamente. Vivir, en el amplio sentido de la palabra, es incompatible con ser esclavo de la plancha y de cualquier otra tarea doméstica. Por eso hoy, como habitúo, empezaré de un modo muy light con el tema que nos ocupa. Los deberes de esta semana son muy muy fáciles:

planchar ropa

Como veis, aún iremos con la ropa arrugada una temporadita; la plancha permanecerá apagada un poco más pero no la olvidéis: ¡la necesitáis Pollitos! Mientras hacéis los deberes anotados en la infografía, esa primera toma de contacto con el aparato en sí, vamos a ir quitándonos trabajo... ¡y que nos dé la vida! :-D 

Este es un inventario de ropa de la de “lavar y al armario”, del tendedero a las baldas y cajones:

planchar



¿Añadiríais algún otro tipo de prendas? Seguro que a vosotr@s se os ocurren más. 

Por cierto... mientras esperamos a planchar la ropa que sí sea necesaria planchar, procurad dejarla lo más estirada posible cuando la quitéis del tendedero. Esto nos ayudará muchísimo en un posterior planchado. ¡Si la ropa está hecha un higo, no hay quien le saque las arrugas!

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